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Día 1 de ruta por el Danubio: truenos, relámpagos... y mi hija de 4 años bajo la tienda de campaña

IMG-20170723-WA0003Hilo Moreno
Atravesamos mitad de España y todo Francia para llegar al inicio de nuestro viaje, muy cerca de la frontera entre este último país y Alemania. Tras dos noches y casi de tres días de camping, áreas de servicio y mucho tráfico, llegamos al punto de inicio de nuestra aventura, que es el mismo donde, oficialmente, nace el río Danubio: la ciudad alemana de Donauschingen. En este lugar se juntan el río Breg y el Brigach, y de su confluencia surge el segundo río más largo de Europa, aquel que nosotros pretendemos recorrer, por etapas, desde su nacimiento hasta su desembocadura.
Montamos nuestra tienda de campaña muy cerca de la unión de los ríos antes citados mientras unos negros nubarrones se cernían sobre nosotros. Parece una constante en nuestros viajes familiares en bici, pues en todos los inicios de recorrido pasamos el primer día entre tormentas.
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Me acuerdo del primero de ellos que hicimos en bicicleta con Sara, mi hija, que acababa de cumplir un año. Estábamos en Francia y de noche comenzó a llover a cántaros y los rayos iluminaban la tienda en mitad de la noche como si alguien encendiese e repente un foco dentro de la misma. Como se me había olvidado la parte interior de la tienda, mi hija se escapaba gateando al exterior por debajo de los faldones y había que estar atento  para que no volviese chorreando. Ayer la tormenta volvió a desatarse, aunque mucho más fuerte, pero esta vez no me he olvidado el interior de nuestra vivienda.
Ayer los rayos volvían a iluminar nuestro refugio y el trueno retumbaba con fuerza cada pocos minutos. Yo velaba inquieto el estado de la tienda deseando que todo fuese bien y no empezase a calar el agua y, de vez en cuando, miraba a Sara, que dormía plácidamente sin inmutarse ni siquiera con el más potente de los truenos. ¡Quién pudiera! Las horas pasaban y la tormenta no remitía, y yo tampoco lograba alcanzar el sueño, inquieto como estaba.
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Al final, los relámpagos se calmaron y la lluvia, poco a poco, empezó a remitir. A la mañana siguiente cuando por fin había conciliado el sueño, Sara me despertó diciéndome que tenía hambre. Viajar con un niño de cuatro años sí que es una aventura dura… ¡y no las expediciones a los polos!
El año pasado recorrimos, como ya he contado en alguna ocasión, cerca de seiscientos kilómetros de ruta junto al río Danubio hasta la ciudad de Budapest. En aquella ocasión el río era enorme, y lo cruzaban grandes barcazas y auténticos cruceros llenos de gente pues su tamaño, en ocasiones, es tan grande que con un poco de neblina puede costar llegar a ver la otra orilla. Ahora estamos cerca de su nacimiento. El río es estrecho y verde, y la vegetación de las orillas arboladas casi, casi, llega a tocarse de una orilla a otra por momentos. Es apenas un riachuelo que corre salpicado de pequeños rápidos y poblado de cisnes y patos por doquier.
Estas primeras etapas transcurren recorriendo los meandros de un joven Danubio que serpentea entre pueblos pintorescos animados de gente, a la sombra de grandes árboles parte del camino, y entre campos verdes de cultivo en la otra.
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Hoy, al atardecer, hemos concluido nuestra primera jornada llegando a la población de Tuttlingen. Ha sido una jornada no muy larga pero adecuada y suficiente para recordar el ardor de piernas y de culo que abandonamos hace un año. En la ciudad donde hemos terminado la jornada, el Danubio cruza una antigua urbe que ardió casi por completo en el año 1803 y que se ha reconstruido al pie de lo que queda de su antiguo castillo.
Ahora existe en forma de urbe con  cerca de treinta y cinco mil habitantes integrada perfectamente entre enormes superficies verdes llenas de parques infantiles, piscinas y terrazas donde los lugareños y veraneantes beben grandes jarras de cerveza.
Ahora cenamos unas pizzas a las puertas de la tienda mientras nuevos nubarrones pasan rápido por nuestras cabezas y esperamos que no descarguen como la noche pasada.
Día uno. Menú: Pizza con champiñones, pan con aguacate y lata de caballa. Galleta y café espresso.
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