¡Ya estamos en Groenlandia! Aunque el deshielo amenaza el trineo de viento

trineo hilo

Hace ya una semana que inicié la expedición. Tras multitud de vuelos y una visita relámpago a mi familia el día de San Isidro, aterricé en Copenhague la noche del domingo. Me reuní con mis compañeros en un bar mientras chispeaba sobre la capital danesa. Algunos eran ya conocidos pero a otros, una gran parte, nunca les había visto. Cosa curiosa teniendo en cuenta que ahora, tras pocos días, ya tengo la sensación de conocerles desde hace una eternidad y pasaré con ellos conviviendo cerca de mes y medio. Y ya se sabe que las condiciones extremas unen mucho: nueve personas, un trineo de viento y largo viaje por el interior de Groenlandia nos esperan. Nunca antes se ha intentado algo así.

La mañana siguiente de aquel domingo de mayo embarcamos en el avión con destino a Kanerlussuaq, en la costa Oeste groenlandesa. Me sorprendió la cara de escasa preocupación y frialdad absoluta con la que la chica del mostrador de facturación recibió nuestros cientos de kilos de exceso de equipaje ante la mirada atónita del resto de pasajeros. Sin ningún tipo de piedad cobró el importe requerido y nosotros procedimos a embarcar. La aproximación sobrevolando las costas de Groenlandia siempre es emocionante y de gran belleza pero en este caso, además, pudimos tener el primer contacto con una realidad que nos afectaría directamente: el deshielo.

trineo hilo borrosa

El interior de Groenlandia, llamado Inlandsis, es una gran masa de hielo desierta. Cuando llega el deshielo se forman auténticos ríos y lagos que discurren por el hielo como el agua por las montañas. Lo peculiar en nuestro caso es que debido a unas temperaturas demasiado altas para esta época del año, estos ríos ya estaban fluyendo a un ritmo mucho más acelerado del habitual. Nosotros pretendemos atravesar dicha masa de hielo sobre un trineo empujado por cometas y, si hay algún elemento que nos haga de barrera sobre la superficie helada, ese es el agua. 

Aterrizamos en Kangerllusuaq y pasamos los tres días siguientes preparando el que sería nuestro vehículo durante las próximas semanas, comprando los últimos detalles y completando los papeleos necesarios. El día Jueves 19 de mayo embarcamos nuestras dos toneladas de equipo y personal en un enorme helicóptero Sikorsky y emprendimos el rumbo al hielo, donde nos depositaría media hora más tarde. Al sobrevolar el inicio del hielo nuestros temores más profundos comenzaron a hacerse realidad y debajo de nosotros se sucedían lagos y ríos de un azul intenso que contrastaba con la superficie blanca del hielo. La autonomía de vuelo del helicóptero iba llegando a su fin mientras nosotros nos dabámos cuenta de que no iba a ser posible sobrepasar la línea del deshielo.

A punto de comenzar el viaje, veíamos la posibilidad frente a nosotros de no poder completar apenas unos kilómetros de la expedición debido al deshielo tan temprano. Apurando el tiempo de vuelo nuestro piloto logró depositarnos en una zona aparentemente libre de agua y desembarcamos todo el material. Tras unos minutos en tierra emprendió de nuevo el vuelo dejándonos a nuestra suerte en el glaciar. La aventura ha comenzado. 



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