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Parhelio, el alucinante triple sol que salió en mitad del hielo para celebrar los 1.000 km

parhelioExpedición Larramendi
Hemos alcanzado los mil kilómetros a bordo de nuestro trineo de viento sobre el hielo de Groenlandia. Apenas nos quedan doscientos para terminar la expedición. Mil kilómetros es una cifra más que significativa y por ello decidimos celebrar el éxito con una cena más elaborada de lo habitual y una pequeña botella de vino a compartir entre todos. La noche era fría y nos reunimos en la tienda de habitabilidad a cocinar y cenar mientras una débil niebla se posaba sobre el trineo y el paisaje circundante.
Dentro, al calor del hornillo de gasolina encendido y acompañados por el siseo de la llama constante, comimos en abundancia y brindamos por el transcurso del viaje y la, hasta ahora, buena fortuna en el mismo. El calor intenso del interior de la tienda se vio interrumpido por la apertura de la puerta de la tienda y el contacto con la temperatura del exterior q en ese momento alcanzaba los veintisiete bajo cero. La ola de frío entró en el interior al mismo tiempo que uno de nosotros, no recuerdo quién, salía por la puerta seguramente con la intención de ir al baño.
Los que nos quedamos dentro pudimos oír un gesto de exclamación y unas palabras que hacían referencia a una especie de arco iris. No tardamos en abrigarnos y salir al exterior y, en seguida, descubrir el origen de su sorpresa. Sobre la niebla, ya muy tenue, pendía el disco del Sol como una esfera perfecta y blanquecina, hasta ahí todo normal. A ambos lados del mismo y situados a la misma distancia exacta otros dos soles, aunque más pequeños, acompañaban al principal. Ambos unidos por una especie de arco iris completo de colores débiles y apenas distinguibles. Estábamos observando un parhelio, fenómeno típico de las regiones polares.
El parhelio es un fenómeno óptico producido por la refracción de la luz sobre los cristales de hielo que flotan en las nubes. En ingles se le conoce como Sun dogs, los perros del Sol, pues parecen acompañantes del mismo, situados fielmente a cada lado del astro, a unos 22 grados del mismo.
Mientras la música seguía sonando en el interior de la tienda a través del pequeño altavoz que encendemos para alegrar nuestras cenas, pasamos muchos minutos en el exterior, admirando el cielo y paseando bajo el mismo. Una buena manera de celebrar nuestros mil kilómetros cuando ya nos queda muy poco para terminar el viaje.