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Auroras boreales, también en España

Seguramente habrás visto alguna vez las auroras boreales, uno de los mayores espectáculos del invierno, en los cielos de latitudes septentrionales, por ejemplo, países escandinavos o Islandia, especialmente cerca del Polo Norte. Este fenómeno tambien es frecuente al norte de las islas británicas y en otros puntos cercanos al Ártico, en el caso del hemisferio norte.

Aunque no es habitual en España, por sorprendente que te parezca, las auroras boreales también se dejan ver en nuestro país con mucha menor frecuencia y es probable que tengas más fortuna si vives en el tercio norte para poder verlas un puñado de veces en un siglo. Es cierto que también tienen que acompañar las circunstancias meteorológicas, es decir, noches de cielos despejados para contemplar las auroras boreales. Eso en función del lugar no siempre es fácil.

El origen de las auroras boreales está en el Sol, que periódicamente envía a la Tierra potentes chorros eléctricos cargados de protones y neutrones, que al contacto con la atmósfera genera un campo magnético observado como fenómeno luminoso.
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(Foto de una aurora boreal del fotógrafo Ruslan Merzlyakov en Svalbard Island)

Algunas de esas tormentas son lo suficientemente intensas como para afectar a nuestros satélites y telecomunicaciones hasta el punto de darnos cuenta de que, en realidad; somos un punto más en la  inmensidad del espacio. Estas eyecciones, las más fuertes, son las que con mayor probabilidad podemos llegar a observar desde algunos puntos de la Península Ibérica. Las costas gallegas y el Cantábrico son los lugares idóneos.
Al margen de su particular belleza, cabe destacar que el viento solar, que transporta toda esa energía, viaja hasta la Tierra a una velocidad superior a los 300 kilómetros por segundo. Tarda menos de una semana en alcanzarnos y entrar en contacto con nuestra atmósfera en mitad de su viaje espacial.

Por su parte, nuestro planeta reacciona ante ese viento solar cargado de protones y electrones (nos alcanzan primero) creando una capa protectora en forma de campo magnético, que desvía la carga eléctrica hacia ambos polos (magnéticos).

La interacción con las moléculas de aire, a más de 100 kilómetros de altura da como resultado la emisión de las coloridas luces que se observan en según que latitudes. Pero, uno de los episodios más destacados en España ocurrió en plena guerra civil (1936-1939) cuando una violenta tormenta geomagnética iluminó los cielos de diferentes ciudades españolas cuyos habitantes, acostumbrados ya a los destellos y ruidos ensordecedores de los bombas, pensaron, por su color, que asistían al inicio de un nuevo bombardeo.
Guerra Civil
(Foto de Barcelona de Adolfo Zerkowitz)
Conocida como 'la aurora de la guerra' el 26 de enero de 1938 los diarios de guerra de Madrid recogen el fenómeno pensando que ardía el Monte de El Pardo; así informó de este suceso el periódico ABC al día siguiente. También pudieron contemplarlo desde otras ciudades, como Alicante.

En aquella ocasión predominaron las luces rojas debido al helio y al oxígeno en la atmósfera a baja altitud. Alcanzó su máximo el 26 de enero entre las ocho de la tarde y las tres de la madrugada. Ocasionó numerosos problemas con las ondas cortas de radio de la época.
Boreal roja
Pudo verse en toda Europa y en EEUU quedando grabada en la memoria como una de las más importantes y extensas jamás vistas, tan solo comparable con la de Hawaii de 1859 o la de Singapur de 1909.

La última vez que pudimos contemplar una aurora boreal desde España fue hace no mucho, en noviembre de 2003. La próxima dependerá de la ingente energía que expulse el Sol hasta la Tierra.
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*Marcos Fernández (@marcosfdezfdez) es periodista especializado en Meteorología.