PARA FUTUROS 'PEDROS DUQUES'

Se busca astronauta: ¿qué hay que hacer para convertirse en uno?

Sabemos cómo ser profesores o empresarios pero, ¿cómo se llega a trabajar en el espacio?

Llegar a ser astronauta no es tarea fácil. Si quieres estudiar cocina, negocios o humanidades, hay escuelas para ti. Pero si quieres subir al Espacio, no hay dónde apuntarse. ¿Cómo se consigue entonces la plaza? ¿Qué hay que estudiar? ¿Dónde y a quién hay que enviarle el Curriculum? Te lo cuenta alguien que se quedó a medio camino.

Astronauta NASA

Para empezar: ¿Por qué es tan difícil conseguirlo?

Ocurre que, simplemente, hay poca oferta y mucha demanda de plazas. Si preguntas, encontrarás (curiosamente) a miles de personas a las que les gustaría subir allá arriba. Sin embargo, el número de astronautas que hay ahora mismo en todo el mundo se pueden contar con los dedos de unas pocas manos. En Europa, por ejemplo, la plantilla cuenta con catorce elegidos.

Lo primero: tu pasaporte.

Es importante, a la hora de evaluar tus posibilidades, comprobar si tu pasaporte lo ha emitido una nación con un cuerpo de astronautas permanente y activo. Es decir, si eres uruguayo y solo uruguayo (no vale ser nacido en Uruguay y tener también nacionalidad estadounidense), tus posibilidades de subir en un cohete para ver la Tierra desde el Espacio son menores que si has nacido, digamos, en los Estados Unidos, o en los países que conforman la Agencia Espacial Europea (entre los cuales se encuentra España). También Rusia, China y Japón tienen un cuerpo de astronautas permanente. En cualquier caso si eres uruguayo (o similar) no te aflijas: siempre podrá ocurrir que tu gobierno firme un acuerdo con uno de los países que cuentan con acceso tripulado al Espacio (Rusia y Estados Unidos), de tal modo que, entre todos, hagan tu sueño realidad. Para que veas que no te animo porque sí: ciudadanos vietnamitas, israelíes y malayos han pasado unos días en el espacio.  

¿Y si me dio por estudiar letras?

Otro aspecto clave es la formación. Si eres politólogo o filólogo tendrás que tener, además, u na sólida formación científica o tecnológica (ingeniería, física, matemática, biología). Las humanidades te ayudarán a comprender el poema de Parménides pero no serán fundamentales a la hora de conseguir tu plaza de astronauta. Ten en cuenta que la exploración espacial, cuya punta de lanza es el cuerpo de astronautas, es llevada a cabo por científicos y técnicos, por lo que es comprensible que su cabeza más visible sea la de un miembro notable de su comunidad.


  ¿Y qué más? ¿Cuáles son los extras que dan puntos?

Si tu nacionalidad no es un problema y además tienes un cartón en el que se reconoce tu pericia con la ciencia o la tecnología, lo siguiente son los pluses. Tope de gama: doctorado y licencia de piloto. Así podrás argumentar que eres especial tanto intelectual como psicomotrizmente. También te va a dar puntos tu licencia de submarinismo. Si nadas un par de kilómetros cada vez que vas a la piscina, mejor que mejor. La idea es que seas académicamente un crack, al tiempo que puedas acreditar que físicamente estarás a la altura cuando tengas, como ocurre durante el lanzamiento, una carga sobre tu cuerpo de hasta quince veces la gravedad.

Al grano.

Cumpliendo todo lo anterior y siendo europeo, podrás intentar formar parte del cuerpo de astronautas de la Agencia Espacial Europea, con base en el ‘European Astronaut Centre de Colonia’ (Alemania).

Pedro Duque se convirtió en el año 1992 en el primer y hasta la fecha único astronauta de nacionalidad y formación plenamente españolas. El anuncio del proceso de selección se pudo ver en las páginas salmón de los principales periódicos españoles.

Pedro Duque ESA

Además, seis de los actuales astronautas fueron seleccionados en el año 2009. En esta ocasión el anuncio tuvo lugar a través de la web de la Agencia Europea del Espacio. En ella misma podías rellenar tus datos personales, académicos, de buceo, pilotaje y macramé. Aunque nos presentamos todos, llamaron a uno solo de mis compañeros: Demetrio Zorita, quien estuvo cerca de ser seleccionado. Me cuenta que “de los más de ocho mil candidatos, solo novecientos fueron invitados a la ronda de psicotécnicos; de ahí eligieron a los dos cientos que pasaron el examen psicológico; a las pruebas médicas llegaron unos ochenta y, finalmente, a la entrevista personal solo cuarenta”. En la selección de los seis elegidos volvemos al inicio: el pasaporte (no todos los países contribuyen con el mismo presupuesto a la Agencia Espacial Europea, así que no todos los países pesan lo mismo).

¿Y López Alegría?

Lo de Miguel López Alegría fue otra historia. Miguel nació en Madrid (de padres extremeños, al igual que Pedro Duque), después de lo cual se fue a crecer a California. Ingeniero y piloto, su nacionalidad estadounidense le permitió formar parte del cuerpo de astronautas de la NASA. Realizó tres vuelos en el Shuttle antes de que el programa se cancelase.

La otra opción: turismo espacial.

Si te ves fuera de todo esto pero tienes veinte millones de dólares, siempre podrás seguir el ejemplo de Dennis Tito, el primer turista espacial. Dennis obtuvo su título en ingeniería aeroespacial cerca de Queens (Nueva York), después trabajó para la NASA y por último abrió una empresa de análisis financiero con la que ganó, al menos, los veinte millones de dólares de su viaje al Espacio. Lo curioso es que a la Estación Espacial Internacional le subieron los rusos, no la NASA (según ellos solo merecía subir aquél que superase sus pruebas, entre las que no se encontraba la de ser millonario).

Si veinte millones de dólares te parecen mucho pero dos cientos mil te van bien, hay más oportunidades de hacer turismo espacial. Entre los proyectos más maduros se encuentra el de los norteamericanos de XCOR Lynx, quienes están desarrollando un avión biplaza capaz de tenerte flotando unos pocos minutos a cien kilómetros de altura. Si no te convence, la gran alternativa es Virgin Galactic, liderada por Richard Branson, que apuesta por una solución de cabina para cinco o seis turistas.


Para bolsillos más acostumbrados a las decenas de miles, está lo del vuelo parabólico. El billete, que cuesta unos cinco mil euros, incluye quince tandas de veinte segundos de duración en ausencia de gravedad. Es como ser astronauta quince veces, pero en rachas de veinte segundos. Aunque suena un poco estresante, dicen que es divertido. No apto, eso sí, para estómagos sensibles.

*Antonio Ayuso es Ingeniero Aeronáutico y lleva más de veinte años trabajando en el sector Aeroespacial. Tiene una amplia experiencia en sistemas espaciales en general y en los que controlan la actitud y la órbita de los satélites en particular.

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