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El Sol lanza tres llamaradas de fuerza media después de meses de ‘silencio’

Desde el pasado mes de abril, LA NASA no registraba erupciones solares en la actividad de nuestro Astro Rey.  Esto se debe a que el Sol está cerca de entrar en su fase de mínimos, conocida como ‘Fase en blanco’, un periodo tranquilo en el que la radiación descansa. Sin embargo, el 23 de julio, la estrella principal de la Vía Láctea lanzó tres llamaradas de fuerza media que os enseñamos en este vídeo.

Dentro de tres años –aproximadamente- el Sol entrará en su particular Edad del Hielo. ¿Qué quiere esto decir? ¿Que se congelará nuestra fuente de vida y La Tierra dejará de existir? No. Quiere decir que su ciclo radiactivo entrará en una fase de ‘reposo’ en el que las manchas solares y las llamaradas de plasma caliente que hoy os enseñamos serán mucho menos frecuentes; pero el astro no dejará de cumplir sus funciones vitales (ni las nuestras, por ende).
En su incandescencia, las llamaradas son comunes en la superficie solar. Son explosiones de radiación de notable alcance, una gran cantidad de energía magnética que choca y, a su vez, se libera. Éstas se nos presentan especiales porque, además de haberse ausentado durante un tiempo, tienen una fuerza lo suficientemente alta como para ser apreciadas por los dispositivos espaciales de LA NASA.
Las de nivel ‘M’ no afectan a la vida en La Tierra (ni a nuestra atmósfera ni a nuestra subsistencia) pero las de nivel ‘X’-como la de la imagen inferior-, las más potentes, sí que pueden alterar las ondas que enviamos a los satélites para mantener activas las comunicaciones o los sistemas GPS’, por ejemplo.
llamarada solar
¿Puede una gran llama solar devastar el planeta Tierra?
Sí. O al menos eso es lo que aseguró un equipo de investigadores de la Universidad de Aarhus (Dinamarca) el pasado mes de Marzo.  Su estudio recogió evidencias de que, en el 775, una superllamarada de entre 10 y 100 veces más grande que las que se suelen registrar, podría haber penetrado nuestra atmósfera, dejando restos de radiactivos solares en los árboles y el ecosistema.
También desgrana la tormenta solar de 1859, que dañó nuestra capa de ozono, los sistemas telegráficos y generó impresionantes auroras boreales que pudieron apreciarse hasta el sur de Cuba y Hawai. El equipo dirigido por Christoffer Karoff no dice que unos efectos más catastróficos sean probables, pero tampoco niegan que sean posibles.