La constelación de hoy: Andrómeda, la princesa encadenada

Muchos de nosotros no sabemos nada de las constelaciones más allá de que engendraban a los Caballeros del Zodíaco. Pegaso, Cygnus, Dragón, Andrómeda…eran aquellos mágicos personajes ‘anime’ cuyos poderes y energías provenían de las formaciones geométricas del firmamento que, ahora, vamos a conocer a fondo.

En la mitología griega, Andrómeda era la hija de Cefeo y Casiopea, reyes de Ethiopía. Casiopea estaba tan orgullosa de la belleza de su niña –no por nada el nombre de Andrómeda significa ‘gobernadora de hombres’- que dijo que era más hermosa que cualquiera de las ninfas de Neptuno. Y eso a Neptuno no se lo podían decir.

Enfadado, iracundo, el Dios de los océanos exigió que encadenaran a Andómeda a una roca donde sería devorada por un monstruo marino de la talla del mismísimo Leviatán (el primer diablo). De ahí la forma de la constelación, que pretende representar los brazos amarrados de la joven.

A partir de aquí, comienza el culebrón venezolano. Perseo, que volvía de matar a Medusa, vio atada a la bella princesa y se enamoró de ella a primera vista. Le dijo a Cefeo que salvaría a su hija de las fauces del Leviatán si le prometía la mano de la joven. Y así se hizo: Cefeo le juró que se casaría con Andrómeda, a pesar de que ésta ya estaba prometida con su primo Phineas y Perseo mató al monstruo marino.

Durante la celebración de la boda, el despechado Phineas, acompañado de su legión, irrumpió en la ceremonia para recuperar a la que hubiera sido su mujer, sin saber que Perseo guardaba un as en la manga. Después de una lucha sangrienta, el guerrero pidió a sus enemigos que le miraran de frente y sacó la cabeza decapitada de Medusa (ojo, que no había perdido sus efectos a pesar del corte) y les convirtió a todos en piedra.

Así, Perseo y Andrómeda permanecieron juntos durante el resto de sus vidas y, de sus descendientes, nacieron los futuros reyes de Persia. Cuando murieron y, para que pudieran prolongar su amor, Atenea les dio un lugar en el firmamento.

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