La constelación de hoy: Orión (y la picadura del escorpión)

Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, es decir, que el asteroide que orbitará cerca de la Tierra la noche previa a la festividad de ‘Halloween’ cruzará la constelación de Orión, vamos a conocer este conjunto de astros un poco mejor.

Orión era genéticamente perfecto porque era hijo de dioses, pero no de unos dioses cualquiera.   Su padre era Poseidón, el Dios de los Mares, y su madre era Gea, la Diosa de la Tierra, por lo que su retoño llegaría a ser uno de los hombres con más fuerza del planeta. Al crecer, llegó a tener unas proporciones  exageradas, convirtiéndose en un gigante que podía caminar por los océanos  sin que el agua le cubriera por encima de los hombros (como Jesucristo, pero al revés).

Llegar a ser un gran guerrero no le impidió enamorarse y, en uno de sus viajes a la isla de Quíos, se quedó prendado de la joven Méope, hija del Rey Enopión. Para casarse con ella, el luchador debía terminar con una plaga de animales malignos que estaba destrozando las cosechas de la isla y, ataviado con su arco, su escudo y su vellocino  (de este modo lo representan las estrellas) así lo hizo, pues no había rival que pudiera frenarle. Como ocurre en casi todos los mitos griegos (no sabemos por qué) el futuro suegro no cumplió con su promesa y, una vez solucionado su problema, se negó a darle a Orión la mano de su hija. El muy traidor.

Ciego por la cólera, Orión comenzó una matanza sin fin , acabando con todas las bestias que encontraba a su paso: panteras, tigres, serpientes, leones… para luego jactarse de su hazaña delante de los otros guerreros  (al estilo de lo que haría Suso de ‘Gran Hermano 16’, pero en contexto Clásico). Viendo que su hijo se había vuelto completamente irreflexivo, algo impensable para un griego, Gea le pidió que abandonara su brutal comportamiento pero, Orión, engreído, hizo caso omiso de las advertencias de su madre.

Para reprenderle, la astuta Gea le envió un arácnido aparentemente inofensivo que provocó las carcajadas del gigante: un escorpión (he aquí una madre que castiga a su hijo sin miramientos, por ejemplo, matándole). Cuando éste le picó con su aguijón y el veneno le paralizó hasta el punto de tenderle en el suelo, Orión moribundo y avergonzado, le pidió a Zeus que no le dejase morir de una forma tan ridícula y poco honorable.

Así, Zeus, atendiendo a sus súplicas, le dio un lugar en el firmamento, sabiamente alejado de su constelación enemiga: Escorpión, que sólo es visible en verano, mientras que Orion sólo brilla en invierno, de modo que no volvieran a encontrarse 'Nevermore', como diría el cuervo de Edgar Allan Poe.

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