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El tiempo nos da una tregua esta noche para ver la lluvia de estrellas 'Líridas'

lluvia de estrellaseltiempohoy.es

Abril está siendo fiel  a su refrán más conocido. Las ‘aguas mil’ que nos están acompañando en la última semana nos darán una pequeña tregua en la jornada de hoy, para fortuna de todos aquellos que quieran disfrutar del momento de máximo goteo de las ‘Líridas’. Aunque las precipitaciones continuarán en zonas del norte de España, la predicción es algo más favorable para ver este llanto de la constelación Lira.

En ‘El Tiempo Hoy’ ya echábamos de menos una lluvia de estrellas (o 'ducha de estrellas', como se dice en inglés, que suena más contundente). En la noche previa al Día del Libro – esta madrugada, justo antes del  amanecer- la NASA espera la caída de las ‘Líridas’, la lluvia de estrellas cuya radiante se sitúa en la constelación que dibuja el instrumento de las Ninfas: la Lira. Los amantes de los libros y de la astronomía gozarán de una doble jornada festiva, siempre y cuando la imprevisibilidad de las ‘Líridas’ las haga más o menos notables.
El pronóstico es contabilizar de 10 a 20 meteoros por hora. Aunque no son muy abundantes, los bólidos provenientes del cometa C/1861 Thatcher sí serán muy brillantes, por lo que su visualización valdrá la pena. Sobre todo sí estas hijas de las Musas nos sorprenden tanto como lo hicieron en 1803, año en el que cayeron 700 meteoros a la hora.
Si nos quedamos sin verlas -a causa de la nubosidad- por lo menos, conoceremos un poco de ellas. La historia que encierra el mito de su constelación está relacionada con una de las más románticas de la narrativa griega:
Hermes inventó un instrumento, la lira, y Apolo se la regaló a su hijo, Orfeo. Eurídice, el gran amor de Orfeo, había muerto por la picadura de una serpiente y había descendido a los Infiernos.  Desesperado, Orfeo fue a buscarla al inframundo y allí, Hades, se quedó prendado de la música que tocaba con su lira. Complacido, le permitió llevar a su amada de nuevo al mundo de los vivos, con la condición de que, durante la subida, no mirase hacia atrás en ningún momento. Orfeo no pudo evitar la tentación y echó la vista atrás, por lo que el alma de Eurídice quedó condenada para siempre.