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Polvo africano a la vista: vienen lluvias de sangre (te contamos qué son)

calimaeltiempohoy.es

No es verano, ni tampoco están cayendo tormentillas eléctricas puntuales, pero el fuerte viento seco del sur, mezclado con las temperaturas primaverales que tenemos y las nubes han creado el escenario perfecto para que este miércoles se den las lluvias de barro o de sangre. ¿Sabes de qué se trata?

La previsión meteorológica de estos días nos mantiene en un anticiclón generalizado. Sin embargo, la nubosidad anclada en el sur gracias al Levante podría dejar lluvias en las próximas horas. No serán abundantes, ni mucho menos. Podríamos incluso no ver gotas, tan solo sentir humedad.
Visto así, no tiene mayor importancia. Pero si le sumamos la presencia de polvo africano en suspensión, la cosa cambia. ¡Bienvenida lluvia de barro!
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El viento de Levante, y sobre todo el del sur, están trayendo calor al ambiente y polvo del desierto africano. Esto genera un ambiente bochornoso y asfixiante, conocido como calima, que deja una visibilidad prácticamente nula. En periodos de estabilidad, hace acto de presencia y lo confundimos con la contaminación atmosférica, ya que la tonalidad del cielo se asemeja al gris de la polución.
En este sentido, debemos recordar un aspecto que suele pasar desapercibido, como es el de la calidad del aire que respiramos que en situaciones de calima empeora los parámetros normales. Este cuadro afecta, sobre todo, a quienes practican deporte al aire libre o personas de edad avanzada y/o con problemas respiratorios.
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Agua con calima, lluvia de barro
Las lluvias de barro, o de sangre, presentan un elemento adicional: las precipitaciones. La mezcla del agua con el polvo o calima forma barrizal, que se puede apreciar en las aceras de las calles, en las carrocerías de los vehículos y en las hojas de los árboles. Todo se cubre de una fina capa de barro que no es más que el polvo africano. A veces, caen cuatro gotas, como sucederá el próximo miércoles en algunos puntos del Levante-sur, y se aprecia más el barro que la escasa precipitación.
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Decimos que el verano es la época por excelencia también porque es frecuente que haga acto de presencia gracias al aire cálido elevando las temperaturas y generando una mayor sensación de bochorno. En las Islas Canarias, por ejemplo, sufren cada cierto tiempo los rigores del polvo sahariano impulsados por vientos muy cálidos y secos del este, procedente de Marruecos. Las islas orientales, sobre todo, Fuerteventura y Lanzarote, suelen ser las más afectadas. Tenemos registros de valores máximos próximos a los 40ºC con una humedad relativa elevada y la calima cubriendo parcialmente el archipiélago. Es, en resumen, un ambiente pesado e irrespirable.
En ocasiones, se utiliza el término de lluvia de sangre por el tono rojo tan característico. Esto no es más que arena del desierto del Sáhara. Dada la proximidad geográfica, la Península Ibérica y la cuenca mediterránea están más expuestas a las invasiones de arena del desierto o polvo en suspensión. Por tanto, no es de extrañar que sea un fenómeno meteorológico común en nuestra latitud que tan solo compite con las nubes de arena que se generan también en las tormentas del desierto de Gobi en Asia.
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Si, como hacen los satélites de la NASA, tomáramos una fotografía de un día despejado podríamos ver con nitidez ese polvo rojizo del desierto atravesando la Península hacia latitudes más septentrionales. En ocasiones, consigue cruzar medio continente y alcanzar el sur de la península escandinava.
¿Por qué entra el polvo del desierto?
La situación atmosférica actual es idónea para que las lluvias de barro se produzcan en las siguientes horas: La posición de la borrasca sobre el archipiélago canario, Ceuta y Melilla favorece que dentro de su radio de acción lleguen hasta nosotros vientos muy secos del sur que conlleva que las precipitaciones lleguen acompañadas de ese polvo sahariano.

El Anticiclón de las Azores es el responsable de amplios periodos de estabilidad, sobre todo, en verano donde actúa de barrera y desvia borrascas a otras latitudes más septentrionales. Sin embargo, al margen de la posición que habitualmente ocupa frente a la Península Ibérica en el Océano Atlántico, de vez en cuando se retira hacia el oeste, más próximo al continente americano, abriendo la puerta a la entrada de borrascas por el suroeste.
Ese canal que abren las altas presiones para que se cuelen las borrascas favorece que el viento sople directa y marcadamente del sur en su ascenso a la Península Ibérica determinando con ello el arrastre del polvo en suspensión que acompaña a la borrasca. De este modo, el barro cae con la lluvia y lo mancha todo.
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