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Wilson A. Bentley, el hombre que demostró que no existen dos copos de nieve iguales

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Cuando vemos caer miles de copos en plena nevada, por increíble que parezca, ninguno de ellos es igual. Todos son diferentes, uno de otro, pero con un factor común que hace que el copo de nieve sea uno de los fenómenos naturales más bellos de la naturaleza. Los cristales de hielo comparten su estructura hexagonal. Por este motivo, en los espacio de Meteorología en la televisión la nieve suele representarse con una estrella de seis puntas. Ni una más ni una menos.

Nunca encontrarás en la naturaleza un copo de nieve que, al microscopio o a simple vista, según su tamaño, tenga más de seis puntas. Aparte de este detalle, cada cual es diferente uno de otro. Algunos pueden parecerse, pero nada más.
Y es que la formación de los copos de nieve se debe al paso de la lluvia a un estado sólido. Para que tenga lugar esta transición entran en juego dos variables que son las que determinan que los copos tengan una forma determinada. Estos factores son la temperatura y la humedad.
No es lo mismo que una nevada tenga lugar a cero grados que a diez grados bajo cero o, por ejemplo, a una temperatura sobre cero con aire muy frío en capas altas. Esta última situación puede dar lugar a nevadas por temperatura positiva.
Por tanto, partiendo de la base de que cada copo de nieve tiene una estructura hexagonal, la temperatura y la humedad modelan cada uno de ellos. A nivel general, cuando el agua cristaliza a temperaturas de entre -10ºC y -5ºC, crece más por la base que por los laterales.
Si la temperatura se encuentra entre -5ºC y 0ºC, o bien por debajo de los -10ºC, se forman los clásicos copos de nieve que hemos visto cientos de veces representados en la literatura, el cine, la televisión, etc. En estas circunstancias, los copos se distinguen por seis brazos de hielo perfectos sobre cada arista. Es la reproducción más perfecta del símbolo de la nieve.
En cuanto a la temperatura, no es lo mismo que una nevada acontezca en situaciones de alta humedad o con una atmósfera más seca. Ese porcentaje, junto a la temperatura, determina el ritmo del crecimiento del copo de nieve.
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En condiciones de una humedad relativa alta, el copo crece mucho más rápido y se ramifica mucho más y, por tanto, su estructura es mucho más compleja. Sin embargo, cuando nieva con poca humedad, la estructura del copo de nieve es mucho más sencilla y no llegan a formarse estrellas.
Estas características se pueden apreciar, por ejemplo, cuando los copos caen sobre superficies sólidas, como las barandillas de un balcón o sobre una el abrigo. También se pueden observar al microscopio. Aquí muestran toda su belleza porque se ve con detalle la estructura hexagonal y cada una de las ramificaciones o brazos de hielo que lo forman.
De hecho, si hiciéramos una colección de copos de nieve sería interminable porque en cada uno hallaríamos un detalle diferente. Eso sí, no seríamos los primeros en hacerlo porque el granjero estadounidense Wilson A. Bentley (1865-1931) dedicó 40 años de su vida a fotografiar y clasificar cada invierno diferentes copos de nieve.
Se cuenta que Bentley se encontraría entre los primeros en catalogar los copos de nieve. De hecho, este granjero estadounidense era un gran aficionado a la Meteorología y su pasión por esta ciencia la plasmó en la dedicación a la nieve. Desde que tenía 20 años esperaba las nevadas de cada invierno para descubrir cómo la temperatura y la humedad influían en las formas infinitos de los copos .
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Universidades de todo el mundo se interesaron a posteriori por sus estudios, ganándose el apodo de ‘Bentley, el hombre de los copos de nieve’, quien llegó a confesar: “Bajo el microscopio encontré que los copos de nieve eran milagros de la belleza y me pareció una pena que esa belleza nunca fuera vista y apreciada por otros. Cada cristal era una obra maestra de diseño y ningún diseño se repetía jamás. Cuando un copo de nieve se funde, el diseño se pierde para siempre. Toda esa belleza se fue sin dejar ningún recuerdo”.
En su haber cuenta con más de 4.000 imágenes de cristales de hielo extraídos gracias a la cámara fotográfica un microscopio. Se considera su colección como una de las mejores del mundo con la que también constató que no existen dos copos de nieve iguales.
*Marcos Fernández (@marcosfdezfdez) es periodista especializado en Meteorología.