VIENTO HURACANADO EN FEBRERO DE 1941

Se cumplen 75 años de la surada que incendió y arrasó Santander

El fuego se originó en la calle Cádiz y rápidamente se propagó por calles adyacentes

Una potentísima borrasca cruzó la Península impulsando vientos de componente sur

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Puede que hoy con la nieve cubriendo buena parte de Cantabria sea inimaginable hacerse una idea del infierno que se vivió en Santander  hace 75 años, en el año 1941. Hicieron falta más de 72.000 bomberos y 15 días para sofocar el incendio.

Incendio Santander 1

(Foto: Vista general del centro de Santander tras el incendio. | Diario Montañés)

La madrugada del 15 al 16 de febrero la capital cántabra ardió. 37 calles quedaron reducidas a cenizas tras una noche aciaga en medio de un colosal incendio que solo puede explicarse en clave meteorológica porque fue este el factor que desencadenó la tragedia en esta ciudad.

Una surada, como tantas otras que antes y después han azotado el Cantábrico, desató un incendio en el corazón de Santander.  Hace pocos meses, en diciembre, cuando las temperaturas ya debían ser invernales, la componente sur del viento disparó las máximas en toda la cornisa cantábrica batiendo récords y asolando todas estas regiones con más de un centenar de incendios, desde Asturias hasta el País Vasco.

Algo similar ocurrió en aquel mes de febrero de 1941 cuando una profundísima borrasca cruzó de lleno la Península Ibérica procedente del Atlántico con una presión bajísima en su centro, de tan solo 950 mb.

Incendio Santander 2

(Foto: Calle Calderón de la Barca totalmente calcinada tras el incendio.)

En consecuencia se originaron vientos huracanados con rachas que superaron los 100 km/h no solo en el tercio norte peninsular. En general, el vendaval azotó con fuerza todo el país. Numerosos observatorios registraron rachas huracanadas durante aquellas horas, como fue el caso del observatorio de Almería donde se midieron 126 km/h o el de San Sebastián alcanzado los 180 km/h.

A la fuerza del viento se sumó la componente sur, muy marcada, transportando todo el calor de la superficie hasta la Cordillera Cantábrica y desplomándolo sobre las costas. Aquella surada es hasta la fecha una de las peores que han afectado al Cantábrico.

Aunque no se desconoce oficialmente el dato exacto, se cree que las rachas más intensas de viento superaron los 180 km/h no solo en San Sebastián sino también en Santander.

La intensidad con la que soplaba el viento fue el desencadenante de  un pequeño suceso que apenas hubiera ocupado un hueco entre el resto de las noticias de los diarios del 16 de febrero. Sin embargo, acabó convertido en portada por la magnitud de la tragedia.

Incendio Santander 3

(Foto: El Palacio Macho en la Calle Hernán Cortés se derrumbó.)

De hecho, se desconoce a qué velocidad soplaba el viento porque este destruyó los anemómetros de la ciudad. Por este motivo, la efemérides oficial hasta la fecha data del 12 de diciembre de 1971 con 167 km/h aunque, muy probablemente, la madrugada del 15 al 16 de febrero de 1941 se superara ese récord.

Una de aquellas rachas propagó el incendio que se originó en la calle Cádiz y pronto se extendió a inmuebles cercanos de calles adyacentes. Ardió el ayuntamiento de Santander y quedaron casi calcinados por completo el palacio episcopal y la antigua catedral, entre otros monumentos históricos.

El corazón de la capital cántabra desapareció pasto de las llamas y con él buena parte de su historia que, por otro lado, no era la primera vez que ardía. Lo sucedido aquella madrugada de hace 75 años tenía precedentes en el SXIX. Una  violenta surada el 28 de febrero de 1877 desencadenó otro incendio que también quemó otra parte de una ciudad marcada por el viento.

Tanto Santander como otras capitales cántabras conocen muy bien los efectos de los vientos del sur similares al poniente en áreas del Mediterráneo. Sin ir más lejos, este pasado fin de semana se batieron los récords históricos de temperaturas mínimas en la vertiente mediterránea con valores auténticamente veraniegos por encima de los 20 grados a causa del llamado efecto Foehn.

Ese efecto Foehn determina el origen y la magnitud de los grandes incendios que se han desencadenado en el Cantábrico o en el Mediterráneo, un viento sumamente cálido que dispara las temperaturas y reduce a humedad en el ambiente. En otras palabras, ese el caldo de cultivo perfecto para las llamas en cualquier época del año.

El calentamiento que sufre el viento al cruzar la Península Ibérica de punta a punta es el responsable de que cada cierto tiempo se batan los récords de valores máximos y mínimos en las áreas citadas.

Hoy, un monumento en las confluencias de la calle Calderón de la Barca y Alfonso XIII recuerda la tragedia que destruyó el casco histórico de Santader.

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*Marcos Fernández (@marcosfdezfdez) es periodista especializado en Meteorología.

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