FENÓMENO METEOROLÓGICO

¿Qué es un huracán?

Se distingue por dos meteoros: la fuerza del viento y la intensidad de la lluvia que descarga

Los que son de categoría 5 son los más dañinos y destructivos

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El pasado 1 de junio, coincidiendo con el inicio del verano meteorológico, se dio por inaugurada la temporada de huracanes en el Atlántico, que finaliza en torno al 30 de noviembre. Sin embargo, hasta ahora esta temporada ninguno había alcanzado la categoría 5, la más dañina y destructiva. Este viernes, el huracán Patricia llega con esa intensidad a México.

Huracán

Los huracanes son de sobra conocidos por su virulencia. De hecho, es uno de los fenómenos más violentos de la Tierra y se distingue por dos meteoros fundamentales: la fuerza del viento y la intensidad de la lluvia que descarga.

En más de una ocasión, habrás visto las imágenes de huracanes desplazándose sobre el Atlántico hasta tocar tierra. Desde el canal oficial de la NASA, los aficionados a este tipo de fenómenos suelen hacer un seguimiento exhaustivo desde que se forma en el océano hasta que toca tierra y acaba convertido en una profunda borrasca o una depresión tropical.

Y es que para hablar de la vida de un huracán tenemos que viajar a las aguas más cálidas de los océanos, en concreto, aquellas que llamamos: tropicales. Para hacernos una idea podríamos tomar como referencia las latitudes 15ºN y 15ºS. Entre ambas se 'cocinan' los huracanes. Ahí se dan las condiciones perfectas para que se forme y, en función de la energía que acumule, es decir, del calor y la humedad que absorbe del océano, podrá clasificarse en una categoría de uno a cinco.

Los huracanes de categoría 5 son los más dañinos y destructivos, potencialmente mortales, aunque muy pocos consiguen tocar tierra con tantísima fuerza. Ya sean de una u otra categoría, este fenómeno se reconoce con facilidad, ya que se caracteriza por un significativo centro de baja presión en torno al cual van girando todas las bandas nubosas en forma de espiral. Es el epicentro de la tormenta, el eje sobre el que gira y se desplaza.

En este sentido, no siempre es fácil determinar la trayectoria de los huracanes. Suele ser errática, aunque apuntando a un par de posibilidades en su movimiento: bien hacia las costas para adentrarse en el continente o girando sobre el Atlántico hasta alcanzar latitudes altas, con aguas más frías que enfrían el huracán y acaba  sus días convertido en una borrasca más o menos profunda.

Esto sucede porque ya no recibe la energía suficiente de las aguas cálidas (alrededor de 27ºC o más), que actúan como la gasolina que enciende el motor del huracán. Además, si os fijáis en alguna de las imágenes recibidas vía satélite por la NASA, los huracanes se desplazan girando en el sentido contrario a las agujas del reloj. Siempre formando círculos.

Hasta hace relativamente poco tiempo, a pesar de que desde el Servicio Meteorológico de EE.UU se tenía muy controlado este potente fenómeno meteorológico, no existía una norma general para clasificarlos. En la actualidad es de sobra conocido que los huracanes, tal y como se determinó en 1953, años después de acabar la II Guerra Mundial, reciben nombre femeninos por orden alfabético. Pero, esta lista no es aleatoria: todos los huracanes que se formen en el Atlántico durante esta temporada recibirán el nombre que les corresponda según el listado previamente confeccionado.

Eso sí, los más mortíferos, los que causan un mayor número de daños materiales saldrán de la lista y nunca más podrán rebautizar otro huracán. Por ejemplo, el Katrina, que en 2005 arrasó la mítica ciudad de Nueva Orleans. De hecho, ha sido el que ha ocasionado la mayor pérdida económica en la historia de Estados Unidos afectando de lleno al estado de Louisiana tras pasar de ser huracán de apenas categoría 1 por el sur de Florida a reforzarse hasta alcanzar la categoría 3 cuando impactó en Nueva Orleans.

El del Katrina es un buen ejemplo de que los huracanes, tanto en su formación como en su evolución, son totalmente erráticos e imprevisibles. Y es que este huracán, el sexto más intenso desde que se tienen registros en el Atlántico, se forma en las Bahamas el 23 de agosto de 2005 y tras cruzar Florida causando leves inundaciones y daños no demasiado cuantiosos, se adentró en el Golfo de México en lugar de seguir perdiendo fuerza tras atravesar la Península de Florida. Este hecho casual desencadenó el desenlace posterior. Las cálidas aguas del Caribe alimentaron al desgastado Katrina, que pasó muy rápidamente a ser un huracán de categoría 5 e impactar en las costas de Luisiana con categoría 3.

Cabe destacar que el potencial destructivo del Katrina también se debió a la particularidad de aquel estado, situado por debajo del nivel del mar y regulado por un complejo sistema de diques, que se vio superado por la intensidad de las precipitaciones, colapsando gran parte de la franja costera de Luisina y, posteriormente, Misisipi.

El que paralizó Nueva York

Lo más curioso de los huracanes es que, en los últimos años, se ha repetido la tendencia de una trayectoria poco habitual ascendiendo a latitudes más septentrionales de lo que suele ser habitual. Es el caso del huracán Sandy, que paralizó la ciudad de Nueva York e inutilizó toda la red de metro del Bajo Manhattan en octubre de 2012.

Sandy se formó al norte de Panamá, atravesó el este de Cuba y siguió ascendiendo por la costa atlántica de EEUU para adentrarse en tierra por el estado de Nueva York y acabar muriendo en la región de los Grandes Lagos. ¿Qué contribuyó a que llegará convertido en 'supertormenta' a la capital financiera de Estados Unidos? La época del año. En el mes de octubre, cuando la mayor diferencia entre las temperaturas de las aguas marinas (muy cálida) y las continentales (muy frías). Esto alimentó a Sandy,  generando un fenómeno muy conocido en las costas del Cantábrico: la galerna o marejada ciclónica, propia de las tormentas y que genera una subida de las aguas oceánicas. La acción conjunta de la marea y la lluvia inundó Manhattan.

¿Y en nuestro país? Al margen del Katrina o de Sandy en Estados Unidos, lo más destacable es el hecho de que en España también hemos experimentado el azote de los restos de un huracán, algo que no es habitual. Tres meses exactos después del Katrina, Canarias se vio golpeada por la Tormenta Tropical Delta, que se formó en las costas africanas y, contra todo pronóstico, viró hacia al norte e impactó en las islas afortunadas a finales del mes de noviembre.

Delta alcanzó vientos de 140 km/h en la costa y de hasta 250 km/h en el Teide provocando una víctima mortal en Fuerteventura y numerosos destrozos en todas las islas.

A raíz de este acontecimiento, desde el Servicio Meteorológico de Estados Unidos se aconseja a los países de la cuenca Atlántica mantenerse informados durante toda la temporada de huracanes, en especial, de unos años a esta parte en que este fenómeno ha sorprendido fuera de su radio acción habitual. Así pues, España pasó a formar parte de la lista de países que reciben un parte pormenorizado de la formación y trayectoria de huracanes atlánticos.

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