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Las tormentas secas, un factor de riesgo de incendios en verano

Incendioseltiempohoy.es

Tarde o temprano llega el momento  en que cada verano los incendios acaban siendo noticia. Durante el mes de julio, el riesgo ha sido muy alto por las condiciones meteorológicas extremas en casi todo el país.

Con el inicio de la estación, se han venido repitiendo los factores necesarios para que se origine un incendio y se propague con facilidad. Desde finales de junio (aunque también durante buena parte de esta pasada primavera) el ambiente ha sido muy seco. Y a ello hay que sumar las altas temperaturas.
Cuando se alcanzan esos valores extremos durante varios días consecutivos el riesgo aumenta proporcionalmente al incremento de temperaturas cercanas o superando los 30 grados y a las condiciones secas y de estabilidad.
El hecho de que el anticiclón de las Azores domine el panorama meteorológico casi de principio a fin del estío en España, salvo en el extremo norte peninsular, incrementa también la probabilidad de incendios. Si, además, a esto le sumamos la dorsal africana ascendiendo a la Península ocasionalmente el riesgo es mayor porque potencia las condiciones de calor y sequedad del aire.
Cuando los incendios ya están activos, especialmente en zonas del litoral y prelitoral, el viento juega un papel fundamental, a veces, dramático. Rachas superiores a los 30 kilómetros por hora (algo bastante habitual en áreas costeras) no solo propagan las llamas sino que hacen incontrolable el fuego, porque en cuestión de minutos pueden abrirlo en varios frentes.
Por ese motivo es tan importante evitar situaciones de riesgo que puedan terminar en un incendio. Además de las costas, las montañas también son zonas abiertas que canalizan los vientos de dirección variable impidiendo la rápida extinción de un fuego y poniendo en jaque a equipos de bomberos, vecinos y veraneantes que se encuentran cerca de esos focos.
Para no olvidar los factores de riesgo, cabe recordar 'la regla de los tres 30', que nos pone sobre aviso de que nos encontramos ante una situación de posibilidad muy alta de incendio. En resumen, es la siguiente: que la temperatura ambiente supere los 30 grados, que la humedad relativa del aire se halle por debajo del 30% (por ejemplo, cuando en zonas del área mediterráneas, el viento sopla desde el interior de la Península hacia la costa trasladando todo ese aire de recorrido terrestre arrastrando todo el calor consigo) y, por último, que esas rachas superen los 30 km/h.
Ante un contexto que reúna estas características nunca está de más consultar la web de AEMET, que actualiza a diario la información estimando en una escala de colores la probabilidad de incendio.
Pura física
Asimismo, dejando de lado aquellos que son intencionados o fruto de una negligencia, hay un factor estrictamente meteorológico que puede desatar un incendio por causas naturales. Son las tormentas secas.
Este fenómeno es propio del verano y muy respetado por la sabia gente del campo (conocedora de sus efectos devastadores, tanto o más que las tormentas de pedrisco).
Y es que si estos aguaceros vienen acompañados de precipitación, la probabilidad de que acaben en incendio, aun con descarga eléctrica, es mínima ya que la intensidad de la lluvia en ese corto espacio de tiempo reduce por sí misma cualquier conato.
Otra cosa bien distinta es la tormenta seca, que se forma cuando la entrada de aire frío no es potente o bien en las capas medias y altas de la atmósfera no se acumula la suficiente humedad como para descargar precipitación. Sin embargo, sí tenemos inestabilidad que da lugar a rayos del tipo nube-tierra, que son la chispa para generar un incendio. Sucede especialmente en zonas de sierra y también en áreas costeras con orografía montañosa a pie de mar (por ejemplo, la Marina Alta en Alicante o la cadena prelitoral de Cataluña).
Estas tormentas tan virulentas son pura física ya que, dentro del campo eléctrico, el rayo se genera en la base de la nube, cargada negativamente, en búsqueda de su extremo positivo, es decir, la tierra. Normalmente, árboles aislados, edificios o tierras elevadas. En tales condiciones de ausencia de humedad, calor excesivo y fuertes rachas de viento, el incendio puede originarse de forma natural con facilidad.
Por regla general, estas tormentas secas no mitigan la sensación de bochorno y son potencialmente de las más peligrosas en zonas abiertas porque van acompañadas de mucho aparato eléctrico y fuertes rachas de viento.
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* Marcos Fernández (@marcosfdezfdez) es periodista especializado en Meteorología.