TEMPORADA DE VIAJES DE VERANO

¿Te da miedo volar en avión? El sol, el aire y las montañas, culpables de las turbulencias

El avión solar 'Impulse II' ha aterrizado esta mañana en Sevilla

Lo mejor para enfrentarse a este miedo y superarlo es conocer cómo se producen

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Para los que a veces nos ponemos algo nerviosos cuando, en vacaciones, viajamos en avión y notamos tambaleos, ¡que no cunda el pánico! Las turbulencias son más comunes de lo que creemos y, generalmente, están asociadas a situaciones meteorológicas que pueden soportar de sobra los aviones comerciales. Hoy es un día muy importante para la aviación, pues el avión solar 'Impulse II' (que sólo funciona con la energía del sol) ha aterrizado en Sevilla a las seis de la mañana.

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¿A quién no le ha dado por la risa nerviosa en esos momentos en los que viajamos en avión y comienza a tambalearse por las turbulencias? Tenemos que saber que no son más que efectos naturales causados por los cambios en la dirección, la velocidad o la temperatura de las corrientes de aire. Estos movimientos se deben, sobre todo, a causas meteorológicas.

Dependiendo del fenómeno atmosférico con el que nos encontremos existen diferentes tipos de turbulencias, como las mecánicas, provocadas por el rozamiento del aire con la superficie del suelo u otros obstáculos. O las llamadas turbulencias térmicas, que surgen cuando el sol calienta la superficie terrestre y provoca que el aire que está en contacto con ella ascienda, lo que hace aparecer otras corrientes con actividad eléctrica que pueden afectar al aparato. Las nubes en forma de cúmulos delatan estas corrientes.

También existen otras turbulencias provocadas por accidentes geográficos tales como las montañas, los edificios o las irregularidades de terreno. El viento puede encontrarse con estos obstáculos que hacen que se desvíe su trayectoria o se ondule como una ola; pueden producirse ondas, que se extienden durante kilómetros: son las llamadas ondas de montaña.


Otras turbulencias se producen a gran altitud y sin presencia de nubes: son las turbulencias de aire claro (TAC) y suelen encontrarse en la frontera de dos masas de aire que se desplazan a velocidades notablemente distintas, como en los bordes de la conocida como corriente en chorro, el “túnel aéreo” por el que circula aire a gran velocidad y que permite que el tiempo de vuelo de un avión varíe muy significativamente si se realiza a favor o en contra.

También podemos oír hablar alguna vez de la “ cizalladura” o wind shear, que consiste en una variación brusca de la intensidad y dirección del viento dentro de dos zonas muy próximas a una masa de aire.

La intensidad sí importa

Según su intensidad, una turbulencia puede afectar al pasaje y al avión. Si es débil, el pasaje notará una ligera tensión contra los cinturones. Los objetos podrán desplazarse ligeramente, pero os daréis cuenta de que la tripulación seguirá trabajando con normalidad.

Cuando la turbulencia es moderada, el pasaje siente una mayor presión contra los cinturones y a la tripulación le costará andar por el pasillo.

Y si ya la turbulencia es fuerte o severa, se notarían grandes cambios de altitud en el avión y, de cara al pasaje, existe riesgo de salir lanzados del asiento si no se lleva el cinturón abrochado. Afortunadamente, es muy raro llegar a encontrarnos con este tipo de turbulencias, ya que no está permitido entrar en estas zonas severas y los pilotos siempre tratan de evitarlas.

Además, los aviones cuentan con radares meteorológicos, útiles para detectar y estimar la intensidad de turbulencias asociadas a fenómenos nubosos como las tormentas, para otro tipo de turbulencias se cuenta con informes meteorológicos de carácter aeronáutico.

¡Que no cunda el pánico!

A pesar de lo molestas que son y del miedo que nos pueden provocar, cuando ocurren turbulencias en nuestro viaje debemos calmarnos y seguir las instrucciones de los miembros de la tripulación. Los aviones comerciales están diseñados para aguantar las turbulencias más severas a las que la naturaleza los pueda someter.

Otra de las grandes ventajas de un medio de transporte como el avión es la gran distancia que mantiene respecto al terreno y a otros aviones. Esto supone que no se requiere una precisión absoluta a la hora de mantener una altitud determinada. Durante unas turbulencias, la altitud puede variar un poco, pero en estas circunstancias resulta insignificante.

Lo que tenemos que tener claro es que, si nos avisan de la entrada en una zona de turbulencias, no quiere decir que el avión vaya a tener un accidente. Simplemente debemos permanecer sentados y con los cinturones abrochados si así nos lo anuncian, sobre todo para evitar cualquier tipo de lesión a bordo. Así que mantengamos la calma y sigamos las instrucciones de la tripulación y todo quedará en una simple anécdota del vuel.

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