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Mediterráneo y Atlántico, dos mares nuestros con múltiples diferencias

Mareseltiempohoy.es

España comparte dos costas bien distintas. Por un lado, el Mediterráneo, un mar histórico, que no deja de ser un mar interior abierto por el Estrecho de Gibraltar. Por otro, existe una costa atlántica, que disfrutan en parte Andalucía, Canarias y Galicia, con su mar Cantábrico, que baña también Galicia, Asturias Cantabria y el País Vasco.

El Mediterráneo se conecta con el Atlántico a través del Estrecho de Gibraltar, de 14 kilómetros de ancho; y de tan solo 7 kilómetros en el Estrecho de Dardanelos, que lo conecta con el Mar Negro, otro mar interior en su extremo oriental. El Mediterráneo, esa masa de agua 'entre tierras' (de ahí su nombre), mide 2,5 millones de kilómetros cuadrados y tiene una profundidad media de 1,5 kilómetros.
Una de las características del Mediterráneo es su salinidad. Su escasa renovación y la evaporación dependen de la aportación de los ríos de su cuenca y del intercambio con el Mar Negro y principalmente con el Atlántico. Todo eso influye en su evaporación, que es muy intensa y es solamente compensada por la aportación del Atlántico. Tanto es así que en el Estrecho de Gibraltar se produce una mezcla extraña. Por un lado, las aguas cálidas y salinizadas del Mediterráneo se mezclan por el otro con aguas frías y menos salinas del Atlántico, dando lugar a masas de agua que no se mezclan en el estrecho. La que entra por la superficie es la Atlántica, menos densa, mientras que por el fondo sale la Mediterránea. También da lugar a intensas corrientes en el Mediterráneo.
La temperatura es otra de las grandes diferencias del Mediterráneo. En los océanos, a partir de una determinada profundidad, las aguas mantienen una temperatura de entre -1 y 5 °C, con una superficie de agua a mayor temperatura sobre esa capa profunda. La temperatura de la superficie en el Atlántico varía con la latitud, los sistemas de corrientes, las estaciones y reflejan la distribución del flujo solar en función de la latitud, varía desde menos de 2 a 29°C. En el Mediterráneo la temperatura no baja de 13 grados, lo que lo convierte en un mar cálido.
Las olas se forman como consecuencia de la acción del viento sobre la superficie del mar. Esa acción tiene varios componentes, que principalmente son: intensidad del viento, dirección, tiempo de actividad y dimensiones de la superficie de agua sobre la que actúa. En el Mediterráneo, con tierra rodeándole y costas cercanas donde la energía de las olas muere, la creación de este oleaje provoca formaciones de olas más cortas que en el Atlántico. En el océano, o bien en el mar Cantábrico, esas olas se propagan y acaban chocando en la costa.
En ese proceso de propagación en el Atlántico y en el Cantábrico las olas tienden a acoplarse unas a otras, a igualar periodos, a igualar alturas de ola, a igualar longitudes de onda, etc... generándose ese oleaje más tendido aunque no de poca altura de ola, y propio de los océanos, llamado mar de fondo. En el Mediterráneo no hay suficiente espacio que permita a las olas recorrer muchos kilómetros lejos de su punto de generación y, por tanto, la mayoría de olas que se aprecian allí son de mar de viento. Mientras que en el Atlántico, hay mucho más espacio y las mejores olas llegan de borrascas que se forman a cientos o miles de kilómetros y que llegan a las costas europeas tras un largo recorrido.