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¿Bombas eólicas? Cinco claves del loco plan científico para 'recongelar' el Ártico

BOMBAS EOLICASeltiempohoy.es

La cuestión no es baladí. El Polo Norte está el primero en el libro Guinness de los Récords de los más afectados por el cambio climático: su temperatura media ha subido 20 grados, la superficie de hielo ha alcanzado su dimensión menor y las especies que allí habitan están a punto de extinguirse. Es más, estudios científicos confirman que el hielo del Ártico podría desaparecer por completo en el verano de 2030. Se necesita una solución, sostenible, eficaz, pero sobre todo, rápida. Los científicos de Arizona están trabajando desde ya y han propuesto una medida que podría ser la revolución en la lucha contra el calentamiento global: usar el viento. ¿Cómo? Te explicamos las claves del proyecto liderado por el físico Steven Desch.

¿Cómo no se nos ocurrió antes? La naturaleza nos estaba poniendo la solución en bandeja y nuestros políticos seguían rompiéndose la cabeza buscando la manera de frenar el deshielo de los polos. Aunque su aplicación todavía está en el aire (y nunca mejor dicho), el disparatado plan del equipo de la Universidad de Arizona podría tener cabida. Te contamos en qué consiste:
1. Bombas eólicas que arrastren el agua líquida del Ártico.
Quieren desplazar el agua estancada en el Polo Norte hacia la corteza de hielo para que se congele. Se necesitarían unos 10 millones de bombas eólicas sobre la capa de hielo.
2. Aumentaría un metro el grosor del hielo.
Con este invento la capa de hielo se engrosaría unos 1.000 centímetros, reforzando el casco congelado de cara al verano.
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3. Financiarlo costaría la friolera de 500.000 millones de euros.
4. Pero merecería la pena: Una solución sin apenas efectos secundarios.
El proyecto no trata solo de ser eficaz, sino también eficiente. Con el uso de una fuente renovable, como es el viento, se pretende acabar con el gasto de combustibles fósiles y de seguir contaminando el planeta.
5. Se evitaría:
La pérdida de hielo sobre las aguas del Ártico durante el verano.
La extinción de especies como el bacalao ártico o los osos polares, manteniendo a flote el ecosistema.
El calentamiento del resto del planeta, notablemente. Más rayos de sol se reflejarían sobre el hielo, devolviéndolos al espacio y preservando los patrones climáticos en todo el hemisferio norte.
• El aumento del dióxido de carbono a la atmósfera.
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