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5 razones por las que las dos aguas del Golfo de Alaska nunca llegan a juntarse

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¿Cuántas veces has visto esta imagen circular por las redes sociales en las últimas semanas? Seguramente te has preguntado si este fenómeno que ocurre en el Golfo de Alaska, donde se unen el Mar de Bering y el norte del Océano Pacífico, es mito o realidad. ¿Pasará también en otras partes del mundo? La verdad es que sentimos decirte que no es nada extraordinario, aunque tiene una explicación natural asombrosa. Tanto que también ha surgido en torno a este fenómeno algún que otro mito que vamos a desmontar.

… entonces, ¿por qué ocurre?
Una de las principales razones por las que una llamativa franja de espuma blancadivide dos masas de agua claramente diferenciadas es el fenómeno conocido como eddy,  visible desde los satélites. A gran altura, es un bello espectáculo en forma de coloridos remolinos. Sin embargo, desde la superficie marina, se distinguen las corrientes que arrastran consigo miles de sedimentos coloreando la superficie oceánica. Procedentes de los ríos del interior del estado de Alaska, desembocan con tanta fuerza en el océano que lo tiñen y ensucian.
Los eddies no son estáticos. No aparecen siempre en el mismo lugar. Esta barrera natural que parte el océano en dos mitades a lo largo de kilómetros no es fija. Cambia de tamaño, de longitud y de apariencia. Depende de los obstáculos naturales que encuentre e, incluso, de la situación meteorológica reinante en la zona. En condiciones adversas, como mar alterada o grades tormentas, la mancha de sedimentación es mayor y, por tanto, abarca una mayor superficie.
La tercera razón de peso por la que asistimos a este espectáculo es la densidad del agua, que es determinante y está relacionada con los dos factores anteriores. El hecho de que tenga densidades distintas se debe a que la temperatura de cada mar es diferente, mucho más fría en el caso del Mar de Bering. Además, el grado de salinidad también es menor por el agua dulce que aporta el Ártico (más clara). Desde los satélites también se aprecia con claridad el abanico de tonalidades.
En el caso del Golfo de Alaska, las arcillas del Ártico son las principales responsables de cambiar el color del agua (como en la imagen superior, la desembocadura de la izquierda) frente a las aguas del Pacífico que estás más limpias de sedimentos en pleno mar abierto. En otros lugares del mundo, otro tipo de materiales son los responsables de que las tonalidades e incluso el tamaño de las manchas sea mayor o menor.
Por último, algo tan evidente y tan visible en multitud de costas como el propio lecho marino contribuye a reforzar este contraste de colores entre unas áreas y otras. Si está despejado de flora marina, el tipo de roca o arena que lo compone influyen en estos cambios.
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Falsos mitos
Sin embargo, en torno a este fenómeno viral que ocurre en el Golfo de Alaska figuran diferentes mitos. Se ha hecho creer que, a gran escala, tan solo sucede allí. Y no es cierto.  
Al contrario, de lo que puedas creer es un proceso natural que ocurre en prácticamente todos los rincones donde, por ejemplo, desemboquen grandes ríos a mar abierto. Los primeros, cargados de sedimentos, y el segundo con aguas más tranquilas, limpias de sedimentación se encuentran y crean fronteras naturales que se desplazan constantemente, por ejemplo, en función de las estaciones del año: la primavera por el deshielo o el invierno por los temporales son las estaciones idóneas para contemplarlo. Por el contrario, el verano es una época más reposada y tranquila. Es aquí cuando el fenómeno se atenúa.
La misma dinámica de fluidos que explica por qué ocurren los eddies que dan lugares a fantásticas pinturas de Van Gogh en el mar, también suceden en el cielo con las nubes. La única diferencia es que aquí no son tan visibles. Kenneth W. Bruland, investigador de la Universidad de California lo demostró. Y al igual que él, otros científicos han insistido en que nada hay de extraordinario.
Superficies marinas con mareas destacadas y azotadas por temporales, como el Mar del Norte o el Mar Báltico en Europa, son escenario habitual de este fenómeno. Basta un paseo por Google Views para contemplar este mágico proceso natural.