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'Síndrome del Ocaso': cómo prevenir esta curiosa patología que ocurre al anochecer

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El atardecer es sinónimo de belleza para muchos y de desasosiego para aquellas personas que sufren el 'Síndrome del Ocaso'. También conocido como 'Sundonwing', esta patología se reproduce de forma habitual en los pacientes con alzhéimer u otro tipo de demencias, aunque también se han detectado casos en personas con síntomas depresivos y curiosamente es bastante habitual en bebés.

“Sabe, es ingenioso esto de que los días terminen. Es un sistema genial. Los días y luego las noches. Y otra vez los días. Parece tan natural pero es muy ingenioso. Y allí donde la naturaleza resuelve colocar sus propios límites, estalla el espectáculo. Los atardeceres”, escribía Alessandro Barrico en su obra ‘Océano Mar’. No para todo es tan bucólico el fin del día.
Que no caiga la noche
El Sundowning se caracteriza por un cambio manifiesto en la conducta de la persona en las últimas horas de la tarde y hasta la noche. Los pacientes pueden tornarse irritables, agresivos, depresivos, o también presentar problemas de memoria y cognición que, por lo general, están ausentes en las horas diurnas.
Es normal que cuando el sol se esconde nuestro ánimo decaiga un poco y nuestro “reloj biológico” nos advierta de que ya es hora de echarse a dormir. Estamos cansados de todo el día y muchas veces pensamos que ya no damos para más, aunque en casa nos esperen los niños, la colada o finalizar un informe para el día siguiente.
sindrome ocaso
Sin embargo, el Sundowning o Síndrome del Ocaso altera completamente nuestro ritmo biológico. Nuestra mente pierde el control, el organismo comienza a desconocer el modo natural de comportamiento, pudiendo generar confusión, irritabilidad, y afectando tanto el humor como las funciones cognitivas y biológicas de nuestro organismo.
Es más habitual en personas ancianas con enfermedades neurodegenerativas, como el alzhéimer, porque tienen dañadas las zonas del cerebro que controlan los ritmos circadianos y sus niveles de melatonina son inferiores.
Los bebés tampoco tienen el reloj biológico bien ajustado y es normal que lloren cuando cae la noche porque se sienten más cansado y están más irascibles. En esta caso se le conoce como el Síndrome del Atardecer y seguro que muchos padres lo han sufrido. Obviamente, es pasarejo, aunque no está demás crearle ciertas rutinas al pequeño para que se regule.
Cómo podemos prevenirlo
Hacer que el sol no se ponga es imposible y no sería del todo bueno tampoco para la salud, pero hay formas de mejorar esa tristeza que nos produce el final del día y de hacer que nuestros mayores descansen mejor por la noche.
A nivel científico se están haciendo numerosos experimentos con la fototerapia, mejorando la calidad lumínica de los dormitorios de las residencias y los centros de cuidados geriátricos.
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Además, se recomienda reducir todos los ruidos de la estancia y aislar todo lo que sea posible los sonidos del exterior, realizar actividades de deporte moderado durante el día para reducir el estrés y la tensión, llevar una rutina controlada de alimentación y restringir la toma de bebidas con cafeína y azúcares. Alimentos ricos en vitamina B6 como el plátano, los cereales integrales o la batata nos ayudan a calmarnos de forma 100% natural.
Para disfrutar más de la luz solar, es aconsejable levantarse con la luz del día entrando por las ventanas y que sea el propio amanecer el que actúe de despertador, hacer muchas actividades al aire libre cuando se está más activo y reducir la iluminación artificial cuando cae la noche.