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¡Achís! La alergia al ciprés es alargada: cómo detectar bien si la sufres

cipréseltiempohoy.es

Aún no estamos en primavera pero muchos ya sufren los efectos de polen en el ambiente. Durante los meses de invierno se produce la floración del ciprés y las arizónicas que desencadena una ristra de estornudos, congestión nasal, conjuntivitis y otros síntomas que no siempre se distinguen con claridad de un catarro o una gripe y, por tanto, no se tratan correctamente. Conocemos un poco más al árbol que puebla los cementerios de toda España y descubrimos por qué este tipo de alergia va en aumento año tras año.

‘La sombra del ciprés es alargada’ fue la primera novela Miguel Delibes y posiblemente una de las más recordadas. Gran conocedor del entorno natural de Castilla, Delibes ensalzó a literatura un árbol que está muy presente en nuestra geografía, aunque no siempre nos demos cuenta de su presencia. 
¿Por qué se plantan cipreses en los cementerios?
Lo cierto es los griegos ya le dieron un carácter casi divino. En su mitología, destaca la figura de Cipariso (cuya traducción es Ciprés), un joven que por error mató a su ciervo domesticado, siendo tan grande su dolor y pena que le pidió al dios Apolo que permitiera llorarlo eternamente, convirtiendo a Cipariso en un árbol. Desde ese momento, el ciprés está relacionado con el duelo tras la pérdida de los seres queridos. 
Y de ahí, que sea el árbol de los cementerios. Bueno, la realidad es que el ciprés cuenta con una serie de atributos que lo hacen perfecto para este tipo de lugares. Son longevos (pueden vivir más de 500 años), su hoja es perenne, no necesitan cuidado especial, soportan bien los cambios ricos de temperatura, no varía su forma ni su color y son excelentes cortavientos. Además, sus raíces crecen de forma recta, no dañando el terreno que se encuentra a su alrededor, como por ejemplo lápidas y otros ornamentos fúnebres.
ciprés
Un árbol con gran tradición mediterránea, muy presente en todo el Levante español, en el Valle del Ebro, en Castilla, en las sierras andaluzas… y cada vez más en las ciudades donde, podado bajo, se utiliza como seto en jardines y parques.
Alergias tempranas
Precisamente ahí es donde se están dando las mayores tasas de alergia al polen de las cupresáceas y las arizónicas. Madrid y Barcelona lideran las estadísticas según la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEIAC), que cifra en un aumento del 30% los casos de alergia en los últimos quince años.
Son varios los factores que inciden en este aumento: la contaminación, los ambientes secos que crean las calefacciones, la excesiva higiene… y el clima. Los inviernos más suaves de los últimos años han favorecido el aumento de los pólenes así como la floración más temprana de especies que solían florecer en primavera. Ese cúmulo de polen y ambiente hacen que en Madrid, por ejemplo, el pasado 8 de febrero se recogieran entre 142 y 244 granos de polen por metro cúbico de aire de cupresáceas y taxáceas.
 ¿Cómo reconocer la alergia al ciprés?
Como vemos, cada día son más los pacientes que acuden al alergólogo con problemas por el polen de los cipreses… y todavía hay mucha gente que ni siquiera sabe que es alérgico. Cuando estornudas o moqueas en enero, lo achacas a un resfriado o el comienzo de una gripe y tomas los medicamentos prescritos para tales enfermedades, aunque en realidad puede que estés teniendo una reacción alérgica al polen de estos árboles.
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Los síntomas más habituales son estornudos, mucosidad, congestión nasal, conjuntivitis, tos seca, disnea y sensación de opresión en el pecho. Lo curioso es que duran mucho en el tiempo, mucho más que las alergias de primavera, y puedes estar estornudando entre dos y tres meses si el tratamiento no es el adecuado. 
Porque, si tú notas alguno de estos síntomas, lo primer que debes hacer es ir al alergólogo y hacerte las pruebas para que él te dicte el tratamiento. Normalmente con los antihistamínicos habituales es suficiente, pero siempre bajo prescripción médica. Te puedes proteger del polen con mascarillas, filtros nasales, un pañuelo o una bufanda en días de mucho viento…  y con las vacunas, que hacen que las reacciones sean menos fuertes e incluso desaparezcan.