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El cerebro da una orden, pero aún no es necesario beber: ¿Por qué sentimos sed?

Beber1eltiempohoy.es

Tener sed es algo que ha sido ampliamente estudiado por los científicos. La teoría más comúnmente aceptada se basa en que la necesidad de ingerir líquidos está controlada por el hipotálamo (el mismo que controla la sensación de frío y calor, las emociones e incluso el sueño), y envía la orden de beber cuando detecta que la sangre está cerca de la densidad excesiva, ya sea porque hay falta de agua o porque ha aumentado la concentración de sales en el organismo. Este modelo, sin embargo, tenía sus incógnitas, pues no respondía a por qué muchas veces tenemos sed independientemente de la densidad de la sangre o la cantidad de agua. Hasta ahora.

Un nuevo estudio, realizado por investigadores de la Universidad de California, da con la respuesta en un experimento realizado en ratones. Y tiene que ver con la capacidad de prever muchísimo antes estas variaciones de que los niveles cambien.
Según los investigadores del estudio, publicado en Nature, las células ubicadas en el hipotálamo, conocidas como SFO, están especializadas en predecir los efectos hidratantes de las bebidas gracias a la estrecha conexión que tienen con los sensores de nuestra boca.
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A través de grabaciones de la actividad de las neuronas SFO, se vio que la sed respondía rápidamente a las señales de la cavidad oral cuando se comía o bebía. Las señales informaban de la cantidad de comida o de agua que se había ingerido, por lo que las neuronas de la sed podían predecir cómo iba a cambiar la osmolaridad de la sangre en decenas de minutos en el futuro, después de que la comida o el agua ya hubiera ha sido absorbida. Asimismo, el mecanismo permitía que estas neuronas generaran la sed preventivamente, en respuesta a la ingesta de alimentos, de modo que no se produjese ningún desequilibrio en la sangre más adelante.
¿Cómo lo hicieron?
Para confirmar la relación entre los sensores de la cavidad bucal y las neuronas SFO, el grupo de investigación privó a los ratones de agua durante la noche y utilizaron métodos de optogenética para cerrar la actividad de las neuronas SFO se les diera de nuevo acceso al agua. A pesar de la falta de agua, y los presuntos cambios en la sangre que podrían causar, los ratones no bebieron. Pero tan pronto como los investigadores dejaron de silenciar las neuronas SFO, los ratones bebieron abundantemente.
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